jueves, 20 de marzo de 2008

La fugaz aventura poética de Pablo de la Torriente Brau y los poemas que inspiro.

Título: La fugaz aventura poética de Pablo de la Torriente Brau y los poemas que inspiro.

Autoras: Elizabet Rodríguez Hernández e Idania Trujillo de la Paz

Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau

Ciudad de La Habana.

Introducción

Toda la obra periodística y literaria de Pablo de la Torriente Brau tiene el espíritu, la esencia y el misterio de la poesía. Cómo olvidar la belleza de estas imágenes: «Algunas veces —dice en una de sus últimas cartas desde su exilio neoyorquino— he sido arrastrado por el río nocturno de Broadway, bordeado por la orilla de montes incendiados con fuegos infinitos de bengala. A la puerta de cada burlesque, de cada cine, el río hace remolinos [...] y por las escaleras del subterráneo se hunden los hombres ya cansados». Y con hermosa decisión afirma: «Pero ahora me voy a España, a ser arrastrado por el gran río de la revolución». Se juntan en esta frase ímpetu revolucionario y expresión poética.

Fugaz, lúcida y llena de humor fue su aventura poética. Si bien los versos que escribió son una zona menor en el conjunto de su obra literaria y de la que, al decir de sus más íntimos, sólo se ha conservado una ínfima parte, resulta de interés para conocer otros aspectos de su escritura y de su personalidad.

Sus poemas breves y ocasionales, aparecidos en el “corpus” de sus cuentos y narraciones están hechos «para montar a caballo» como diría Martí en el prólogo a Los poetas de la guerra. Evocan vivencias personales donde la belleza, fuerza humana e ingenio están expresados de manera auténtica, sin rebuscamientos ni artificios. Son también, por qué no decirlo, el testimonio de una época desde la perspectiva de un hombre con una rica y compleja personalidad, capaz de combinar en su vida y su producción literaria los elementos de «ese sol del mundo moral» que distinguió a los de su generación.

Con esta comunicación intentamos acercarnos a una faceta poco conocida del escritor, periodista y revolucionario, revolucionario no sólo en la acepción política de la palabra sino en el sentido transgresor con que vivió, amó, sufrió y gozó la vida este hombre de apenas treinta y cinco años que decidió irse a España a defender la República.

Aventura poética

Toda la obra en verso de Pablo, desde el poema «Plegaria a dios en la gravedad de mi gato “Moña”» —escrito a los veinte años, cuando todavía era un muchacho «de músculos ágiles y loca imaginación»—, hasta los que describen las desgarradoras escenas de presidio, tienen ese cierto sabor ingenuo y a la vez intenso del hombre capaz de conmoverse por extrañas y maravillosas visiones. Acaso aquellas que sólo los poetas son capaces de captar.

Si vigorosos y trascendentes son los temas humanos que llevó a su obra periodística y narrativa (novela y cuentos); su poesía tiene el encanto de revelarnos la fuerza de su vocación y voluntad creadora, plena de vivencias personales en las que el ingenio, la pasión y el humor están siempre presentes.

Como expresa el poeta Nelson Herrera Ysla, en el prólogo a El calor de tantas manos[1], una selección de los versos escritos por Pablo y a él dedicados por autores cubanos y extranjeros: «[…] en puros términos literarios de género, Pablo escribió poca poesía. En sentido más amplio, rectificando, todo fue en él un inmenso poema armado en los escasos minutos que sus deberes sociales y políticos le dejaban libres«.

«Si hubiese querido dedicarse por entero al arte de escribir versos, hubiésemos tenido tal vez el privilegio de contar con un poeta agudísimo en la construcción del poema breve, casi epigramático y contar también con un creador de poemas extensos, coloquiales, donde se transpira con intensidad el espíritu innato de la narración […]».

Coincidimos con Herrera Ysla en su apreciación acerca del espíritu coloquial de la poesía que hubiera podido escribir Pablo. Prosa poética acaso no es lo que cuenta en esta carta del 29 de octubre de 1936 desde el frente de Madrid: «Me acosté a cielo abierto, porque no había más espacio en las pocas chabolas que aún se habían hecho. Había una clara luna remota, de menguante. Y las estrellas, las viejas amigas del cielo de Presidio. Tanto tiempo sin verlas. De pronto me entró una duda: ¿Era Casiopea la constelación que brillaba sobre mi cabeza? El cuerpo me temblaba por el frío, como si fuera un flan. ¿Tendré yo miedo —pensé— que no me acuerdo bien de lo que sé? Me acordé de Cuba, de Teté Casuso, de mis perros y de mis árboles, en Punta Brava. Yo me dije: a lo mejor en la guerra, cuando uno tiene un recuerdo es porque se tiene miedo […]».

Como un caleidoscopio se muestran, en esta narración, algunos motivos poéticos: la soledad, la añoranza por la mujer amada, por los recuerdos lejanos, las cosas/seres queridos (los árboles, los perros, la casa); cuantas sensaciones y emociones que, en medio de una guerra parecen lejanas, inalcanzables, el periodista/poeta evoca y compara: la luna de Madrid y la luna de Presidio; las estrellas, sus eternas compañeras, el frío, el miedo…

Pero esa fugaz aventura poética también está presente en su libro Presidio Modelo, ¿acaso el más desgarrador testimonio narrado desde dentro del horror mismo por la mirada acusadora del cronista? Es interesante cómo Pablo intercala en algunos de los relatos de Presidio..., breves poemas que nacen de la experiencia cruda, violenta, desoladora vivida durante el tiempo que sufrió prisión, contada no sólo desde la perspectiva del narrador, sino también desde la particular sensibilidad del poeta. Veamos algunos ejemplos, en los que incluimos las aclaraciones hechas por él acerca del momento y las circunstancias en que estos versos complementan la trama de los cuentos.

«Luna del Presidio»[2]

Era un globo de silencio, transparente y azul. Así era la noche, y yo estaba sentado a su lado, en el suelo, en uno de los corredores de uno de los patios, de uno de los pabellones del hospital, en el Presidio, allá, en Isla de Pinos. Yo había escrito unos versos que decían en una parte:

La luna sobre el filo

del patio del Presidio

es tan solo el cadáver

de la esperanza muerta,

que asesinó a la tarde

el toque del “recuento”...

Y en otra parte decían:

“Seis mil ojos de los presos,

a través de las rejas,

la están mirando ahora,

sobre el filo

de las galeras del Presidio,

marcar el doble tiempo indiferente

¡de una noche menos!

¡de una noche más!

Y otra parte decía:

Hace treinta años,

cuando llegaron los que ya son viejos

la vieron sobre el filo

de las galeras del Presidio!...

¡Y ahora también platea las tumbas

de los hombres que se murieron en Presidio!

Y yo no recuerdo ahora más de aquellos versos, que no tenían importancia, sino por la extraña fascinación que ejercieron sobre mi compañero, un viejo de cuarenta años. Aquella noche, de verdad, algo de magnetizador tuve yo en mí para lograr la revelación.

Pero la luna — ¡Oh, sobre todo la luna, lo recuerdo! — también me ayudó. Y el silencio también.

Cuando yo le recitaba los versos, la redonda, la lenta luna llena fue ascendiendo en los cielos y hubo un momento en que se puso

Sobre el filo

de las galeras del Presidio.

Fue entonces creo, que él dijo con una voz de enigma:

—¡La luna!...

[…]

También en Presidio en «Los hombres azules»[3] nos dice:

[R]ecuerdo el comienzo de aquel poema que entonces escribí:

¡Hombres azules de las cuadrillas,

que pasáis lentos bajo la lluvia!...

Asesinos, ladrones y tahúres.

¡Carne podrida

reivindicada por los tormentos del Presidio!...

En «Relatos»[4] encontramos nuevos versos en su narración:

Fatiga, angustia, traición, soldados, balas, muertos...

¡y siempre igual!...

¡Y olvido!...

Tampoco hay que olvidar que Pablo escribía en los sitios más insólitos. La prisa e intensidad con que vivió le impidió, a veces, concluir algunos de sus proyectos literarios. Así ocurre con estos versos, a los que denominamos “poesía trunca” que, sin embargo, él asegura caprichosamente haberlos terminado.

Aquí están tal y como él los cita en sus relatos, con esa peculiar humorada, plena de gracia y sutil ironía:

En uno de sus cuentos, «Caballo dos damas»[5]

[…]

De pronto oigo una música maravillosa. Era uno de los conciertos aristocráticos de Pro Arte Musical y toca Orloff. Me fijé en él y sentado ante el piano parecía un dentista limpiándole la dentadura a un negro cubista... Empezó a tocar la Gavota de Gluck y yo le hice unos que decían así:

Como cristalina gota,

milagrosas de luz,

danzando ya van las notas

de la Gavota

de Gluck

Le dije a un amigo que eran de Rubén Darío y le pareció que tenían realmente una música de gavota galante... Ahora ya no cree que aquello de “La princesa está triste, etc”, sea del divino Rubén... y a lo mejor tiene razón. ¡Tantos han hecho cosas parecidas!...

El sonido de cristal de Orloff me adurmió y tuve la visión poética de una nota que salía del piano, transformada en perfume se esparcía por la sala, luego se fundía en mariposa policromada y, finalmente, trocada en rayo de luz empieza a taladrar, despacio... despacio... el cielo azul, espacio inmenso...

Pero ahora siento un escalofrío irritante, como si me picara una chinche. Toca Heifetz, el ovacionado como los boxeadores... Un clamor estremece la sala, lo aplauden, le gritan, le piden... Me indigno y le compongo una oda que empieza de esta manera vanguardista:

Salve a ti, oh insigne maromero del violín,

Paganini sin alma!”...

Nunca dejó de sentir el fuego de las palabras. Había nacido para vivir emociones intensas, porque sus ojos se habían hecho para ver las cosas extraordinarias y su maquinita para contarlas. Para él no había «temas serios o gloriosos». Escribió de todo y cuánto pudo. «Todo valía para gozar la letra impresa que excitaba a los dioses y a Edgar Allan Poe, su preferido».

Pero Pablo no sólo escribió versos de modo fugaz y atrevido, también «ejerció el criterio», como suele decirse modernamente. Sus opiniones acerca de la poesía aparecen en cartas, comentarios, crónicas y apuntes. Lo más interesente es que él veía la poesía no sólo como expresión de belleza, sino como ejercicio intelectual de compromiso con su tiempo.

En carta dirigida al escritor ecuatoriano Jorge Icaza, autor de Huasipungo y En las calles, le hace este agudo y despampanante comentario: «[…] Me reafirmo en mi convicción de que es Ud. el poeta del asco y la pudrición. No sé como ha sabido hacer tales maravillas. Me acuerdo, cuando lo leo, de un poema de José Zacarías Tallet, el autor de La rumba en el que después de asegurar que hay poesía en un buen par de nalgas, en un par de tetas, en un policía y hasta en un chofer, termina asegurando, “la cuestión es dar con ella”. Y no hay duda que Ud. ha dado en ella», concluye.

También en este sentido, le propone algunas sugerencias a su entrañable amigo Roa, quien tenía en mente publicar una biografía sobre el poeta cubano Rubén Martínez Villena. Veamos qué le dice a Roa: «[…] [Rubén] fue sin duda un intenso poeta, pero su vida patética estuvo infinitamente por encima de sus versos aristocráticos. Tuvo la desgracia de brillar en un momento casi fugaz, de transición poética en Cuba, y, si perdura, es porque tuvo talento, profunda emoción lírica, y sobre todo, vida, vida de poeta activo […]. En definitiva, Rubén es de los seres privilegiados que tienen leyenda, que pertenecen a ella. Y tú sabes que yo pienso que sólo son legendarios los individuos capaces de engendrar leyendas, capaces de merecerlas […]. Rubén, como poeta, era algo legendario para las masas […]. Él no escribió para ellas más que otros versos que nadie se ha ocupado de recoger, canciones anónimas de la revolución que sí convienen a la leyenda de Rubén. No pienso que la historia deba desvirtuarse por ningún modo, pero creo que hay que dejar madurar las figuras en la conciencia popular. Tú, sabrás en tu prólogo-biografía difuminar las bruscas líneas de transición que hay en la vida de Rubén, todas las cuales tuvieron, no obstante, la tónica común de un sentido de la generosidad y el sacrificio —atributos del poeta puro e intenso— que muy pocos han tenido en Cuba con tal persistencia».

Las voces de los otros

Pablo despertó (despierta), las más encendidas pasiones a un lado y otro del Atlántico, antes y después de morir en su vida privada o pública. Nadie fue indiferente ante su figura o memoria.

Por esa razón las manos de Pablo se unen con las de otros seres de voces profundas, creadores de esa poesía siempre necesaria, imprescindible. Poetas, muchos de ellos contemporáneos suyos como Regino Pedroso, Emilio Ballagas, Ramón Guirao, Navarro Luna, Fina García Marrúz; y otros de estos tiempos que vieron en él al paradigma de hombre que combina la pasión, el desenfado y la capacidad de pensar con cabeza propia. Están los versos que su personalidad inspiró en, Luis Rogelio Nogueras, Víctor Casaus, Luis Suardíaz, Mercedes Santos Moray, Romualdo Santos...

Con todo derecho son los poetas, desde perspectivas estéticas diferentes, quienes se aproximan mejor a las esencias humanas del niño que aprendió a leer en La Edad de Oro, de José Martí, y a quien su abuelo materno, Salvador Brau, dedica Juan Pico de Oro.

«Hay en los hombres singulares un perfil íntimo, un modo distinto, que no pasa a sus biografías», dice Juan Marinello de Pablo. Mientras el poeta camagüeyano Emilio Ballagas (1908-1954), autor de Júbilo y fuga y Antología de la poesía negra hispanoamericana y Premio Nacional de Poesía en 1951, en el poema «Pablo de la Torriente Brau», escrito en 1937, afirma rotundamente: Pablo «está en todo lo que amó».

No lo lloréis compañeros.

Luchad por lo que él luchó!

Que si su voz se ha perdido

se funde a la voz total:

sonará en el himno pleno

del mundo que asoma ya.

Vivió a un ritmo crepitante. Nada le fue indiferente. Desde las luchas campesinas y estudiantiles, el abandono de las ciudades, los turbios negocios de la “terrateniencia criolla”, los crímenes de Presidio Modelo, la literatura, la música, la pintura, el cine hasta la voracidad imperialista del capital norteamericano sobre nuestras tierras de América. Y como él mismo dijo «no tengo nunca miedo de escribir lo que pienso, ni con vistas al presente ni al futuro, porque mi pensamiento no tiene dos filos ni dos intenciones».

Decidió irse a España, a la Revolución Española «para aprender para lo nuestro algún día», y «lo nuestro» era la Revolución, la revolución que se había «ido a bolina» unos años antes. España era el sitio preciso, la oportunidad para conocer y aprender. Resulta curioso que antes de marcharse a Madrid, en carta fechada en Nueva York, el 11 de marzo de 1935, le cuenta a Fernando Ortiz, en su acostumbrado tono humorístico, de la presencia de Rafael Alberti en esa ciudad norteamericana: «Aquí está ahora Rafael Alberti, metido ya a comunista o cosa por el estilo, y es muy probable que vaya para Cuba en donde espero que le harán un recibimiento adecuado a su fama, y que lo metan en El Príncipe o La Cabaña, para que escriba luego la “Balada de la Reja y el Mar” o algo por el estilo. Todavía no lo conozco. Él habla hoy en un lado pero yo tengo que ir a otro a ver si fundamos un club para recoger dinero para los presos cubanos. Me han dicho que es un hombre pequeño y simpático. Tengo que verlo de todas maneras porque quiere conocer cosas de Cuba y establecer contactos […]».

No podría imaginarse Torriente que unos meses después, en plena contienda, compartiría con Alberti, María Teresa León, Miguel Hernández… Preciamente Alberti publica el poema «Vosotros no caísteis» reproducido en un periódico de la época con una dedicatoria, presumiblemente redactada por el editor, y dedicada a un grupo de comisarios que murieron luchando por la República entre los cuales se encontraba Pablo.

¿Quién dijo que estáis muertos? Se escucha entre el silbido

que abre el vertiginoso sendero de las balas,

un rumor, que ya es canto, gloria recién nacido,

lejos de las piquetas y funerales palas.

A los vivos, hermanos, nunca se les olvida.

Cantad ya con nosotros, con nuestras multitudes

de cara al viento libre, a la mar, a la vida.

No sois la muerte, sois las nuevas juventudes.

Desde su inseparable hermana Zoe, quien lo consideró siempre un camarada, hasta intelectuales como Gabriela Mistral y Juan Ramón Jiménez recuperan, en breves comentarios, el misterio poético que siempre acompañó a Pablo para devolvernos entera y múltiple su figura de escritor y de héroe.

En uno de sus testimonios Zoe cuenta: «Yo fui su compañera inseparable de juegos y estudios. Nos llamaban en casa los camaradas. Nuestros temperamentos, tan diversos, se complementaban admirablemente. Mientras yo lo llevaba al juego a las discusiones, a la pelea, al estudio de las matemáticas, él me orientaba en el manejo del diccionario, me enseñaba geografía e historia. Hacíamos competencias de memoria. Ya aprendía versos y se imponía la tarea de aprender una página de un diccionario pequeño, que me hacía tomarle de memoria, sin un error, con solo leerlo tres veces».

El gran escritor español Juan Ramón Jiménez dejó escritas estas hermosas palabras sobre Pablo: «[…] ningún hombre, ni uno solo, que sea del lado y de la cara que fuese, y sea del que fuese su acuse de destino, se atreverá a dudar ni a sonreír pública ni íntimamente de la fe, la esperanza, la caridad, el noble heroísmo de otro hombre palpitantemente joven y poeta, que deja una hirviente paz y su patria viva para morir con el corazón en la mano, por el mundo que sueña, en otra».

Cuando trabajábamos en la preparación de El calor de tantas manos —que ya tiene una segunda edición realizada por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y la Diputación de Córdoba en España— nos propusimos dar a conocer esta faceta poco conocida de la producción literaria de Pablo.

El libro, que nació en los archivos de bibliotecas, rastreando papeles, apuntes, libros, ha sido una suerte de ventana, un camino siempre abierto que se enriquece con nuevos versos, nuevas palabras, nuevas voces, y se nutre del espíritu irreverente, provocador y transgresor con que Pablo vivió y escribió.

Manuel Navarro Luna publicaba en Mediodía en 1937: «Salud comisario»:

Los que lloran, que canten;

Los que cantan, que luchen.

¡Qué luchen en las trincheras de la muerte y de las lágrimas¡ Hay que tirar la sangre,

Hay que tirar el pecho sobre el pecho herido de España!

Por esa ventana se han ido colando nuevas voces: las de poetas populares, gente sencilla de pueblo que en Cuba y en España le cantaron a Pablo. También y, afortunadamente, hemos ido encontrando poemas de autores cubanos como Romualdo Santos, que desconocíamos había escrito estos versos sobre el Presidio Modelo, donde alude a la generación del 30, de la que Pablo formó parte activa y militante:

Aquí vinieron a parar por los tiempos

en que el mundo ya giraba en los torbellinos de las grandes

despresiones

y todos los senderos se abrían a plomo y látigo y hambre,

aquellos hombres, aquellos padres inflamados de percisiones

inmensas

para quienes el día distante pero cierto se trasmutó en

puras claridades,

en calles trepitantes y en ciudades exánimes,

en voces airadas y en la cólera por ellas animadas,

recios hombres venidos del central y de la fábrica,

creciendo allí, frente a las descargas con que el odio

intentaba detenerlos,

en los gritos de Muera el tirano, Abajo Machado

y, sobre todo, Fuera los yanquis de esta tierra.

Desde todas las voces y con todas las manos, Pablo nos convoca y nos alienta. Por eso, queremos concluir esta ponencia con estos versos, de la Elegía Segunda de Miguel Hernández, a quien conoció en el frente de Madrid, durante la Guerra Civil Española. El pastorcito de Orihuela —al que dedicamos este Coloquio— nos devuelve la figura del compañero que murió «con el sol español puesto en la cara/ y el de Cuba en los huesos».

«Me quedaré en España compañero»,

me dijiste con gesto enamorado.

Y al fin sin tu edificio tronante de guerrero

en la hierba de España te has quedado.

Nadie llora a tu lado:

desde el soldado al duro comandante,

todos te ven, te cercan y te atienden

con ojos de granito amenazante,

con cejas incendiadas que todo el cielo encienden.

Valentín el volcán, que si llora algún día

será con unas lágrimas de hierro,

se viste emocionado de alegría

para robustecer el río de tu entierro.

Como el yunque que pierde su martillo,

Manuel Moral se calla

colérico y sencillo.

Y hay muchos capitanes y muchos comisarios

quitándote pedazos de metrallla,

poniéndote trofeos funerarios.

Ya no hablarás de vivos y de muertos

ya disfrutas la muerte del héroe, ya la vida

no te verá en las calles ni en los puertos

pasar como una ráfaga garrida.

Pablo de la Torriente

has quedado en España

y en mi alma caído:

nunca se pondrá el sol sobre tu frente,

heredará tu altura la montaña

y tu valor el toro del bramido.

De una forma vestida de preclara

has perdido las plumas y los besos,

con el sol español puesto en la cara

y el de Cuba en los huesos.

Pasad ante el cubano generoso,

hombres de su Brigada,

con el fusil furioso,

las botas iracundas y la mano crispada.

Miradlo sonriendo a los terrones

y exigiendo venganza bajo sus dientes mudos

a nuestros más floridos batallones

y a sus varones como rayos rudos.

Ante Pablo los días se abstienen ya y no andan.

No temáis que se extinga su sangre sin objeto,

Porque éste es de los muertos que crecen y se

[ agrandan

aunque el tiempo devaste su gigante esqueleto.



[1] Elizabet Rodríguez e Idania Trujillo. El calor de tantas manos, [Prólogo de Nelson Herrera Ysla], Ediciones La Memoria, Coedición Diputación Provincial de Córdoba y Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, Colección Palabras de Pablo, Córdoba-La Habana, 2006.

[2] Pablo de la Torriente Brau, Presidio, Ediciones La Memoria, Colección Palabras de Pablo, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2000.

[3] Pablo de la Torriente Brau, Presidio Modelo. Sexta Parte. Capítulo XXXI, «Relatos», Ediciones La Memoria. Colección Palabras de Pablo. Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. La Habana, 2000. p. 316.

[4] Ibídem, Octava parte. «Relatos», ob. cit., p. 334.

[5] Pablo de la Torriente Brau. Cuentos completos, Ediciones La Memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 1998.




http://www.cubarte.cult.cu/global/loader.php?cat=actualidad&cont=showitem.php&id=6100&tabla=entrevista&seccion=&tipo=

LINO NOVÁS CALVO, MIGUEL HERNÁNDEZ Y PABLO DE LA TORRIENTE BRAU: ENLACES ENTRE LAS CULTURAS CUBANA Y ESPAÑOLA.

CIRA ROMERO

Comparto la teoría expuesta por el intelectual español José Luis Abellán[1] a propósito de que durante la Guerra Civil Española se crearon dos grandes modelos culturales. La República encaró este modelo alrededor de la idea de pueblo, en tanto que los militares rebeldes se unieron en torno a la de imperio, que había sido lanzada por Ernesto Jiménez Caballero en 1932 en su libro Genio de España bajo la consigna « ¡Sed católicos e imperiales! ¡César y Dios! Esta es la voz de mando». Pero va a ser el pueblo español, respaldado por la autoridad que otorgaba un régimen político elegido democráticamente, el que va a defender su democracia, lo cual va a provocar una exaltación de lo popular. El hecho no puede pasar inadvertido y mucho menos que sea Viento del pueblo el título preciso que en 1937 le da Miguel Hernández a su famoso poema, mientras que a Antonio Machado ese sentimiento lo va a impulsar a desarrollar una teoría sobre la cultura que se expresa de manera más detallada en su discurso Sobre la defensa y la difusión de la cultura, donde basa su ideal literario de «escribir para el pueblo».

Es aquí, precisamente, donde entroncan los nombres de Lino Novás Calvo, Miguel Hernández y Pablo de la Torriente Brau, quienes participaron en la contienda bélica tanto desde posiciones culturales como armadas. ¿Cómo se entrecruzaron la vida de estos tres nombres decisivos, los de Lino y Pablo, para la cultura cubana, y el de Miguel para la española en medio de los avatares de una guerra, cruenta como todas? Lino era gallego. Había nacido en la aldea serrana de Grañas do Sor en 1903 y, como tantos otros, vino a Cuba en busca de mejores opciones económicas que nunca conquistó, mas sí un lugar relevante en la literatura de habla española, en particular la narrativa. Regresó a España en 1931 como corresponsal del semanario gráfico Orbe (1931-1933), donde reflejó, tanto para Cuba como para el resto de América, muchas de las aristas político-sociales de la España republicana. El estallido de julio de 1936 lo sorprendió en Asturias, donde hacía un reportaje sobre el sistema penitenciario ibérico, y regresó de inmediato a Madrid para colocarse al lado de las tropas republicanas como oficial de enlace de la tropa comandada por Valentín González, El Campesino, y se vinculó a periódicos revolucionarios como Ayuda, órgano del Socorro Rojo Internacional, en los que publicó diversos trabajos relacionados con la contienda. Desde Cuba ya conocía a Pablo de la Torriente Brau, de quien había reseñado su libro de cuentos Batey,[2] aparecido en el año 1930, y que el cubano-puertorriqueño había escrito con la coautoría Gonzalo Mazas Garbayo. En Madrid Lino y Pablo compartieron, en tanto colaboradores, en el citado periódico Ayuda, cuando el segundo ya era comisario político de batallón. Fue a Novás a quien le correspondió darle la noticia a otro gran cubano, el hispanista José María Chacón y Calvo, que consideraba a Pablo como a un hijo, de la muerte de éste en una escaramuza bélica. En carta fechada en Madrid el 21 de diciembre de 1936 le expresa: «Hoy, día 21 de diciembre, me han dado la noticia: nuestro entrañable Pablo ha quedado herido de muerte, en campo enemigo. Prefiero darle así, brutalmente, la noticia. No tengo ánimo para hacerlo de otro modo. Me bastó el tratarle pasajeramente en Cuba, y brevemente aquí, para quererle como a un hermano. Cuba ha perdido a Pablo (lo damos ya por perdido): lo hemos percibido todos físicamente; yo lo llevaré en el corazón mientras viva. Esta guerra terrible se alarga. Yo sigo donde me mandan, con la esperanza de que la sangre vertida por el pueblo no será estéril, y con esperanzas también de que un día volveré a Cuba a recordar entre nuestros amigos al amigo caído». Dos días después le comunica al propio Chacón: «Hace días le escribí una breve carta dándole la noticia de la muerte de nuestro Pablo. Hay vuelvo a hacerlo para preguntarle qué hacemos con las cosas que ha dejado en su casa y en manos de sus compañeros de batallón. Su pongo que Saavedra[3] le escribirá sobre lo mismo, dándole relación de los objetos que se conservan. De esos objetos una máquina fotográfica está en mi poder; un reloj pulsera y algunos billetes, en poder de Miguel Hernández, comisario de cultura de Campesino; el resto en casa de usted. Yo fui allí, y he visto que tenía ropa, documentos personales, cuadernos de notas, una máquina de escribir /…/ y copias de artículos enviados a El Machete y a New Masses. Se me ocurre que todo esto debemos mandárselo a su mujer, [4] menos las copias de los artículos (artículos-reportajes sobre esta lucha) que pudiéramos editarlos ahora o más tarde en folletos. /…/ Hoy puedo completarle los datos de mi carta anterior: el cadáver de Pablo ha sido rescatado; el enemigo no lo tocó. El día 21 le dimos tierra en el cementerio de Chamartín. Fue un acto conmovedor. Yo lo he despedido. Le vi bajar a la tierra; no lo olvidaré jamás. Mi admiración hacia él creció con el trato personal; le he llegado a querer como se puede querer a un hermano. Hemos perdido uno de los talentos y uno de los corazones más grandes de América».

Lino escribió también un artículo titulado «El entierro de Pablo de la Torriente Brau», [5] testimonio invaluable de este postrer momento, cuando, en compañía del poeta Aparicio «subimos a una terraza alta, desde donde se dominaba el bosque. El Comisario de Cultura de la Brigada de Campesino, Miguel Hernández, escribía al sol un informe jurídico. Me senté junto a él, esperando que terminara y me contara despacio cómo había sido rescatado el cadáver. Mientras aguardaba me dio a leer uno de sus últimos y magníficos poemas, una elegía a García Lorca:

Tú el más firme edificio destruido.

Tú, el gavilán más alto desplomado,

Tú, el más grande rugido,

Callado y más callado y más callado.

Me leí una y otra vez aquel poema, continúa Lino. Así yo hubiera querido escribir uno a la muerte de Pablo. Por no poder, pensé que hubiera querido morir con él, luchando a su lado».[6]

Y Miguel Hernández le contó cómo había sido la muerte de Pablo de la Torriente: «Una bala de fusil o de ametralladora le atravesaba el corazón. Sólo le había quedado tiempo para decir Me muero y echar mano a su cartera con ánimos de deshacerse de documentos que pudieran interesar al enemigo. Pero este no llegó a pisar aquel campo. Sus manos manchadas con la sangre de los trabajadores no llegaron donde sus balas habían llegado».

Al momento de bajar el féretro de Pablo a lo hondo de la tierra, volvió a la mente de Lino «otra estrofa de la Elegía de Miguel Hernández dedicada a Lorca y se me apretó al corazón:

¡Qué sencilla la muerte, qué

sencilla,

pero qué injustamente arrebatada!

¡No sabe andar despacio y acuchilla,

cuando menos se espera, su turbia

cuchillada!

Fue Pablo de la Torriente Brau lazo de unión entre Lino Novás Calvo y Miguel Hernández, en medio de una lucha que cada vez adquiría un carácter más internacional. Pero quizás no haya sido la trinchera lo que primero los unió, sino haber podido intercambiar en el plano cultural inquietudes similares, propuestas de textos o lecturas comunes. Ahora la contienda entre ellos se torna, más que pelear desde una misma zanja abierta a golpe de fuerza bruta, una acometividad cultural que en esa tríada de nombres adopta una especie de microhistoria como entendimiento más allá de las comunes ideologías, sino mediante la estatura del verso o de la prosa beligerante. Es imposible, pues, que estos intelectuales estén au dessus de la mèelee, pues se trata de una guerra civil. «Yo no sé, ha señalado Eugenio Imaz en su Topía y utopía,[7] si el hombre es un microcosmos; lo que sí sé, porque lo he vivido, es que la guerra civil es una microhistoria, y por eso en ella el hombre vive y comprende la historia entera con una intensidad y una concentración únicas. ¿Y ha de ser el intelectual el que huya de esta experiencia humana medular?». Claro que no, y entonces, aunque después Lino Novás Calvo tomara caminos políticos opuestos a los de entonces, quizás – es solamente una posibilidad—porque los sufrimientos de la guerra lastimaron profundamente su ser, estos intelectuales no se permitieron la contemplación y, como muchos, se introdujeron en ese mundo para conocerlo y para, conociéndolo, hacerlo. Había que tomar una postura y había que forjarse posiciones, y cada uno de ellos adoptó la justa, la que les dictaba el momento que se vivía, que no era otra que estar al lado de la República, desde la cultura y desde la trinchera.

A su regreso a Cuba en 1939, Lino Novás Calvo publicó muchos artículos relacionados con la contienda recién finalizada en el periódico de los comunistas cubanos: Noticias de Hoy, colaboraciones que se extendieron de manera sistemática hasta el año 1940, cuando rompió su vinculación con dicha organización. La muerte del poeta de Orihuelaa no estuvo presente en sus artículos del momento, que entonces aparecían, sobre todo, en Bohemia y en Gaceta del Caribe, pero sí en sus cartas. En una dirigida a Chacón y Calvo, fechada en diciembre de 1942, al hacer una especie de recuento de su vida, le comenta: «De España guardo buenos y malos recuerdos. Cuando salí de allí era un niño y cuando regresé me costó trabajo adaptarme al ambiente literario de Madrid, me era ajeno. Durante la guerra, en la que me vi involucrado en un minuto, tuve la oportunidad de conocer a gente muy valiosa, de intimar con algunos, y estuve muy cerca de nuestro Pablo. También compartí con Miguel Hernández, de cuya grandeza de alma puedo dar fe. Su muerte me ha conmovido y la veo como otra tragedia más de esa guerra que tantos estragos hizo. Amigo Chacón, la vida da esos golpes y yo tengo los nervios deshechos de ver tanto malo /sic/».

De esta manera se despide Lino Novás Calvo de Miguel Hernández, cuando ya, entre uno y otro no quedaba más que el sabor amargo de la pérdida de una lucha que les pertenecía y que vieron caer en el crepúsculo de las hordas fascistas.

Las respectivas obras literarias de Lino Novás Calvo, Miguel Hernández y Pablo de la Torriente Brau tienen como sustrato común, ser expresión de una realidad multivalente y de cuya comprensión se han ocupado y preocupado historiadores, filólogos y críticos, escorados muchas veces en posiciones doctrinales antagónicas. No obstante, las tres enfrentan y asumen una «realidad cultural» desde flancos francamente humanistas y donde la empatía tiene un espacio común dictado por fuertes circunstancias epocales que refuerzan las claves que en unos y en otros se dan. Si Pablo cayó en el frente y Miguel Hernández en la soledad de una cárcel, Novás Calvo pudo traspasar los Pirineos hasta llegar a territorio francés y arribar a su capital «esquivando los campos de concentración, con toda la tragedia de España sobre el alma y un trapo sobre el cuerpo /… No sé todavía si me mandarán a valencia o Madrid. No quisiera ir, tengo los nervios destrozados». Es su comentario casi final, cuando está apenas a unos meses de regresar a Cuba, donde el recuerdo de la guerra atormentará sus días.

Al preguntarle al poeta y profesor español Jaime Ferrán, compañero de Lino Novás Calvo en la universidad norteamericana de Syracuse, donde ambos ejercieron la docencia, acerca de si Lino le había comentado sus experiencias en torno a la Guerra Civil Española, me respondió: «Cada vez que le traté ese tema, nunca quiso hablar de él». Pero en 1943, al escribir el prólogo al libro Órbita de España (1943), de Fernando G. Campoamor, había expresado: «He estado dentro de aquella sangre y de aquel fuego. No puedo decir que los vi. Estaba demasiado dentro de ellos para ver. Por eso, al retorno -- que es como volver de la muerte—me interesa comprender las cosas que tuve cerca, a través de los demás. Es ahora cuando tengo que estudiar realmente –en el documento y en la emoción ajenos—lo que allí ha pasado. La historia tiene estos dos aspectos: interior y exterior, que no se contradicen, sino que se complementan. Y los dos son verdaderos. Hasta las mentiras que se han dicho de España han tenido su sentido y su meta. Pasará tiempo antes de que se puedan destruir esas mentiras. Todo falta por hacer. Otros acontecimientos, todavía más voluminosos, parecen ahogar su servicio, empujarlo al pasado. Pero no olvidemos que la guerra de España fue el preludio y puente de la presente. La que allí, españoles e internacionales hemos librado, será siempre la batalla inicial de todas las batallas de nuestra época. Por eso está bien que, todos los que la hemos vivido de cerca o a distancia, llevemos al papel su sentido y su pasión. /…/ España es una tumba, es un desierto cubierto de esqueletos. Pero sobre esa piel sembrada de muerte se escribió una gran lección que el mundo ya ha debido aprender». Intentó llevar al papel lo allí sufrido, hasta con una novela, como le expresa a José Antonio Portuondo en una carta. Pero, al parecer, no tuvo la fuerza suficiente para concluirla, además de que «me enredo en situaciones y personajes y se me hace muy difícil poder avanzar». Lo cierto es que tras el prólogo antes citado, poca o ninguna referencia existe en la bibliografía de Lino Novás Calvo que dé cuenta de haber tratado esos hechos,[8] que también fueron escasamente abordado en su notable obra de ficción, donde solamente se localiza el cuento titulado «El comisario ciego», aparecido en 1939, como portador temático de una escaramuza guerrillera en el frente de guerra.

Tres temperamentos artísticos y personales diferentes aunaron demasiadas certezas como para poder ignorarse mutuamente. Lino Novás Calvo, Miguel Hernández y Pablo de la Torriente Brau, unidos por la dinámica de la crueldad de una guerra, establecieron con sus contactos una especie de continuidad desgarradora, alimentada por ideales comunes y por anudar posturas existenciales no aisladas de una realidad que se hacía cada vez más dolorosa. Todo conflicto bélico presupone una rasgadura interior y este triunvirato de nombres se adentró, por una causa justa, en la geografía de una escritura que hoy se nos muestra como un ejercicio de entendimiento y de práctica de una conducta que devino no en una huida, sino en un lugar invulnerable para el fluir del sentimiento.



[1] Cfr. «La ‘Guerra Civil’ como categoría cultural», en Cuadernos Hispanoamericanos. Madrid, (440.441): 43-55, febrero-marzo, 1987.

[2] Revista de Avance. La Habana, abril 15, 1930, p. 125.

[3] Pedro Saavedra Alemán. Funcionario de la Legación de Cuba en Madrid.

[4] Teté Casuso (1912-1914). Poetisa y novelista.

[5] Puede publicado en la revista costarricense Repertorio Americano del 23 de enero de 1937, p. 52. Se reprodujo en la revista habanera Mediodía del 25 de febrero de 1937, pp. 10-11. en Evocación de Pablo de la Torriente Brau. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1987 y en Lino Novás Calvo, periodista encontrado, de Norge Céspedes. Matanzas, Ediciones Aldabón, 2004.

[6] Sin embargo, poco tiempo después publicó su «Soneto a Federico García Lorca», donde expresó:

No lloran, Federico, que estallaron

las cuerdas de tu Sur atormentado;

y galopa, de fuga, amedrentado,

el eco del fragor a que callaron.

Las Gracias de tus versos despertaron

y en libros resonancias han mimado,

volviéndose el poeta asesinado,

de piedra calcinada se tornaron.

No llora, Federico, que enrojece,

la entraña que en romanos palpitara

con ardor de cadera estremecida:

por pueblos que tu verso se merece,

impune tanta ofensa no quedara,

si a este pueblo costara cara vida.

Fue publicado originalmente en la revista Repertorio Americano correspondiente al 7 de noviembre de 1936. Puede consultarse en Arpa de troncos vivos. De Cuba a Federico. Compilación y prólogo de César López. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2006, p. 59.

[7] México, 1946, p. 9.

[8] Véase al respecto, elaborada por Carlos Espinosa Domínguez, la Bibliografía de Lino Novás Calvo. Los libros de las cuatro estaciones, Cincinnato, Ohio, invierno, 2007.

http://www.centropablo.cult.cu/jornada_hernandiana_ponencias.html


miércoles, 19 de marzo de 2008

Yo creía que los fiscales eran como jueces.

Leo esta mañana:
Cuatro de los seis jueces centrales de Instrucción de la Audiencia Nacional (AN) manifestaron ayer su rechazo a la orden remitida por el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, en la que faculta a los fiscales para dirigir a la Policía Judicial en los procesos judiciales que se encuentren en curso, advirtiendo que esta "podría generar investigaciones paralelas sin control judicial", que "son los jueces de Instrucción los que dirigen el procedimiento penal en fase sumarial" y que la propuesta de Conde-Pumpido "es contraria a lo dispuesto en la Ley de Enjuiciamiento Criminal".
"Cualesquiera diligencias practicadas al amparo de esa instrucción, podrían estar afectadas de nulidad al quebrantar, no sólo el principio de legalidad sino los de contradicción y defensa procesal, propiciando investigaciones paralelas, sin control judicial y con riesgo grave de solapamiento de la investigación dirigida por el juez de Instrucción", expresaron los jueces a través de un escrito.


Mi conclusión. Yo creía que los ficales era como jueces, ya veo que craso error. ¿Entonces para qué están?, para ayudar o entorpecer la labor de intermediación entre la Policía Judicial y los jueces? Si no los fiscales y Policía Judicial no son de fier desde el punto de vista de las garantías firmes en todo procediemito penal según "Ley de Enjuiciamiento Criminal" porque son funcionarios. Yampoco son de fiar los jueces que algunos ya han sido condenados por prevaricar y cohecho. Y quienes vigilan a los jueces, a los del Supremo o del Constituconal que son personas, personas investidas de un cargo, como puede ser un presidente, un diputado o senador.
Yo no lo entiendo si alguien lo sabe que me lo explique.

Despues de años

martes, 18 de marzo de 2008

LOS AMIGOS CUBANOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ

LOS AMIGOS CUBANOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ
Contra el tiempo amarillo 1 (1RA PARTE)
Tania Cordero y Amado del Pino
La Habana. Revista "La Jiribilla"

Año IV
La Habana

17 - 23 de DICIEMBRE
de
2005


“De niño yo jugaba al pie de una estatua de Cervantes que hay en La Habana donde nací. De viejo, hallo nuevas enseñanzas, cada día, en su obra inagotable…”2. El hombre anciano y ya enfermo está terminando su discurso este 4 de abril de 1978, que significa consagración definitiva. Su forma de hablar podría parecer afrancesada, pero los amigos de décadas saben de su acendrada cubanía y que las palabras arrastradas no se deben a la cómoda visitación de idiomas extranjeros, sino a un pertinaz frenillo. Estamos en Alcalá de Henares. El premio literario más importante de la lengua acaba de otorgarse por segunda vez y corresponde al cubano Alejo Carpentier.

Pablo de la Torriente Brau, como el novelista ganador del Cervantes, anduvo antes por España. Eran tiempos de bombas. Década del 30 de posiciones políticas y pasiones extremas, de ilusiones y fusilamientos. A la Guerra Civil Española llegó Pablo como culminación de una voluntad cívica, de una creciente vocación solidaria. Aunque nació en la también caribeña isla de Puerto Rico en 1901, es en Cuba donde se fragua su personalidad y donde cuaja temprano su excelente obra de periodista y narrador. En 1936 arribó a la cuna cervantina en el fragor de la batalla, primero en calidad de reportero y después asumió su puesto a la manera de un combatiente más de las Brigadas Internacionales: “Nos han dado a Alcalá de Henares como centro de organización (…) En aquella ciudad nació y vivió Miguel de Cervantes Saavedra. Y no he tenido tiempo ni interés mayor de ver su casa. Desde la máquina, he visto que es un antiguo pueblo, con esa dignidad sencilla de la típica sobriedad castellana. Hay edificios grandes de viejos ladrillos, torres elegantes de iglesias y conventos y una paz silenciosa por las calles. Habrá, también, plazas de retretas y fiestas originales y tesoros numerosos de arte y de historia. Dicen que hay famosas almendras. Y no te puedo decir más nada de Alcalá de Henares. Algún día iré a conocerla”3.

Poco tiempo después se cumpliría su pronóstico. Junto al gran poeta soldado recorrerían el sitio venerable para la cultura occidental. “El día 23 creo que lo pasé todo en Alcalá. Descubrí un poeta en el batallón, Miguel Hernández, un muchacho considerado como uno de los mejores poetas españoles, que estaba en el cuerpo de zapadores. Lo nombré Jefe del Departamento de Cultura y estuvimos trabajando en los planes para publicar el periódico de la brigada y la creación de uno o dos periódicos murales, así como la organización de la biblioteca y el reparto de la prensa. Además, planeamos algunos actos de distracción y cultura. Y con él me fui después a ver algunas cosas famosas de Alcalá. Vi la Hostería del Estudiante, digna de una página del cine olorosa a historia y a tiempo viejo; el Paraninfo de la Universidad Complutense, que fundó el cardenal Cisneros, con sus artesonados mudéjares y sus paredes platerescas; el bello patio trilingüe, en el que hoy no se habla ninguna lengua; la fachada y el patio de la Universidad; y pasé por frente al Archivo, bellísimo, y a la viejas murallas. Luego, fui hasta el Henares. De Cervantes no hay sino una estatua, obra maestra de ridiculez, y una placa con faltas de ortografía, en el lugar donde estuvo su casa”4.

¿Habrá llegado el desenfado de Pablo hasta compartir con su acompañante la displicencia fronteriza con el desdén? De haberlo hecho es de imaginar que el fervoroso lector de la herencia del Siglo de Oro debatiera con él, pero deslizándose sobre la espuma de la broma. Miguel recordaría después que desde el principio lo fascinó el humor despampanante del cubano. Visto desde hoy, puede parecer incultura del héroe señalar detalles donde todos suelen inclinarse ante la grandeza literaria. Vale recordar que Pablo fue un hombre de sensibilidad artística, un vehemente seguidor de nuestro poeta y ciudadano mayor José Martí, en cuyas páginas de La Edad de Oro aprendió a leer, pero su formación fue más bien la del autodidacta, aunque es de suponer que admiraba al Ingenioso Hidalgo. En la punta de su verbo brotaba más la ironía o la simpatía beligerante que la solemnidad del homenaje. Miguel parece haberlo entendido.

“Conocí a Pablo en Madrid, una noche en la Alianza, esperando yo a María Teresa León, que no venía. Recuerdo que fue en septiembre del año pasado. Esa noche, recién amigos, bromeamos como antiguos camaradas. El sentido humorístico de Pablo era realmente irresistible. Quien estaba a su lado tenía que reír siempre, siempre, porque él sabía encontrar como pocos el costado grotesco de las cosas más solemnes. Y lo hacía con una originalidad y una fuerza…”5.

Estalla la duda. Tal parece que De la Torriente olvidó aquel primer encuentro o sería que la timidez del levantino no propició que su rostro se grabara en la agitada memoria del visitante. Lo esencial es que simpatizaron ambos y supieron aquilatar la valía del otro. Hernández tomaría a Pablo como referencia para el personaje de El Cubano en su obra teatral Pastor de la muerte.

Nuestros dos hombres habían participado juntos sin saberlo en los combates de Pozuelo y Boadilla del Monte. Ahora queremos reunirlos a través de una evocación del reportero. Por esos días los dos comentan de mujeres en la guerra. Pablo evoca a cuatro combatientes, se les acerca, las describe, asiste a la muerte de Lolita Márquez, habla del color del cadáver y lo compara con un canario enfermo, “pero es ridículo comparar con nada a una muchacha muerta en la guerra”6. Miguel, en sus apuntes sobre la contienda, celebra el coraje de Rosario, la dinamitera cuya entrega casi suicida formaba parte del libro de lecturas de la enseñanza secundaria e inflamaba pasiones en nuestros adolescentes de los 70.

Asistimos a un instante de reflexión del guerrero, a un remanso de quietud en alguien que aparentó ser tormenta interior, dinámica perenne. Asomémonos a la intimidad de un ser signado por lo exterior y lo público. “Me acosté a cielo abierto, porque no había más espacio en las pocas chabolas que aún se habían hecho. Había una clara luna remota, de menguante. Y las estrellas, mis viejas amigas del cielo del Presidio. Tanto tiempo sin verlas. De pronto me entró una duda. ¿Era Casiopea la constelación que brillaba sobre mi cabeza? El cuerpo me temblaba por el frío, como si fuera un flan. ¿Tendré yo miedo —pensé— que no me acuerdo bien de lo que sé? Me acordé de Cuba, de Teté Casuso, de mis perros y de mis árboles, en Punta Brava. Yo me dije: a lo mejor, en la guerra, cuando uno tiene un recuerdo es que se tiene miedo. Pero no estaba convencido”7.

Vale recordar que al Presidio Modelo dedicó Pablo uno de sus más brillantes y hondos libros. También que, más allá de cualquier coquetería con rastros apenas visibles, Teté Casuso, compañera de exilio en Nueva York, fue su gran amor. Esta mujer, muy poco entrevistada y de la cual la posteridad no se ha ocupado lo suficiente, se nos aparece en 1940 formando parte de la primera hornada de estudiantes de teatro en la Isla. Allí fue discípula de Juan Chabás, el brillante profesor alicantino8.

Por los días en que nuestro escritor descifraba el santo y seña de las estrellas, Miguel también solía ser presa de la melancolía. Si en carta a su Josefina Manresa, de julio de 1936, al borde del inicio de la contienda, soñaba con matrimonio y vida apacible en la Orihuela de los dos, ya en noviembre de ese mismo año el poeta establece los términos del contraste: “¡Qué gran diferencia entre estos días y aquellos tan pacíficos de antes, cuando íbamos por Orihuela y solo se oían nuestros pasos juntos!”9.

Reflexión aparte merece el lugar que le conceden estos artistas a la mujer, la fertilidad y la familia. Miguel es hombre apegado a la tierra, capaz de lograr el prodigio de comparar sin asomo de lo soez a la mujer con la cabra, individuo natural que se sabe destinado a sembrar la simiente. Solo cuando el entusiasmo bélico y, tal vez, la extrema pertenencia clasista lo dominan en el punto culminante de la guerra, llega a aconsejar que el soldado sea “breve y poco asiduo en frecuentar la compañera”10. Pero, en el resto de su obra, Hernández emana sana voluptuosidad, lúbrica complicidad con la hembra. Además, la base católica de su educación sentimental lo lleva a centrarse en el matrimonio y los hijos, a privilegiar la familia como vía primordial de realización humana. Si Josefina no lo acompaña totalmente, él intuye que la causa radica en la secular formación de la mujer española de su tiempo: “Llega hasta nosotros y parece fatigada, sin ganas de hacer otra cosa que tomar compañero, parir y resistir sobre sus espaldas las indignas cargas que se le han ido echando durante siglos”11.

De la Torriente es animal de ciudad, hijo y nieto de intelectuales, altamente politizado desde muy joven, de un ateísmo a ratos fervoroso. Todo parece indicar que su modelo de pareja es mucho más contemporáneo, pero también menos familiar. En sus cartas conocidas cuesta desentrañar un párrafo puramente personal y no hemos encontrado referencias a la posibilidad de un hijo. La olvidada Teté es también mujer moderna, traductora de escritores de habla inglesa. Pablo pertenece a la estirpe de los seres extrovertidos, francos en un primer nivel de acercamiento, aunque suelen reservar escrupulosamente su intimidad. Pero en la noche estrellada, cuando los disparos dan tregua a su estampido, una común y humana melancolía, los asalta.

“De una forma vestida de preclara

has perdido las plumas y los besos,

con el sol español puesto en la cara

y el de Cuba en los huesos”12.

Lino Novás Calvo regresó a España en 1931 como corresponsal de la revista Orbe. Se conjuga la forma verbal regresar porque había nacido en Galicia en 1903. Pero fue en La Habana —su ciudad desde los siete años— donde entre diversos oficios de buscavidas se formó su peculiar visión del mundo. Aunque todavía no ha escrito sus libros esenciales, que marcarían un hito en la narrativa cubana del siglo XX, Lino es respetado ya como periodista y autor de algunos cuentos brillantes. En esta crónica sobre el entierro de Pablo laten algunas de las esencias del estilo que lo consagrará, en la siguiente década, dentro de la narrativa latinoamericana. Está el estilizado naturalismo de las descripciones, el descarnado contraste de los sentimientos, la pulsación exacta del adjetivo.

“Envuelto en una sábana blanca, tendido en la camilla que le trajo del frente, estaba el cadáver. (…) Parecía reducido. Todo el músculo y el vigor de aquel joven alegre y deportivo, había venido a ser una contracción de hombre, después de tres días de abandonado en campo enemigo. Los zapatos brotaban arriba en forma de X, las anchas suelas encostradas todavía de la última tierra que pisara”13. El cubano murió junto a un adolescente asturiano huérfano que había asumido bajo su amparo, después de una de las batallas. Tal vez Pablo vio en el muchacho de 13 años algo del hijo que le faltaba. En su crónica solo cuenta la pasión con que lo defendió de la suspicacia de que fuera un infiltrado. Miguel también narra con ternura el encuentro con un simpático niño de aldea, uno que quiere ser grande para combatir: “Todas las noches me acuesto queriendo tener al otro día 20 años, y nunca paso de los siete”14.

Novás parte del testimonio de Hernández para informar sobre el rescate del cadáver. Después, en esta especie de brillante documental cinematográfico, la cámara se centra en nuestro poeta: “Subimos a una terraza alta, desde donde se dominaba el bosque. El comisario de Cultura de la Brigada de Campesinos, Miguel Hernández, escribía al sol un informe jurídico”15. Miguel le da a leer al reportero un fragmento de la Elegía que dedicara a Federico. Allí seguramente no tuvo tiempo de contarle lo decisiva que resultó la influencia de Lorca en la arrancada de su carrera. De cómo le fascinó y entusiasmó una función teatral de La Barraca, allá por Murcia en 1931. Lino pensó que le hubiera gustado escribir una despedida así para su amigo y a la larga lo consiguió, con esta crónica espléndida que —a seis décadas de distancia— puede dialogar con el poema en el que Miguel eternizaría la imagen de Pablo.

Lino Novás Calvo: “Solo le había quedado tiempo para decir: `Me muero´, y echar mano a su cartera con ánimo de deshacerse de documentos que pudieran interesar al enemigo. Pero este no llegó a pisar aquel campo. Sus manos manchadas con la sangre de los trabajadores no llegaron donde sus balas extranjeras habían llegado”16.

Miguel Hernández: “Nadie llora a tu lado: / desde el soldado al duro comandante, / todos te ven, te cercan y te atienden/ con ojos de granito amenazante, / con cejas incendiadas que todo el cielo encienden”17.

L.N.C.: “En pocos meses, Pablo se había hecho querer y admirar de todos. Todos se dieron cuenta de que habían perdido un héroe. Yo hubiera querido decirles allí mismo que todos habíamos perdido también un gran escritor”18.

M.H.: “Como el yunque que pierde su martillo, / Manuel Moral19 se calla/ colérico y sencillo”20.

L.N.C.: “Tengo la impresión de marchar llevado por una fuerza mágica y sombría y de que este caminar sería el destino de toda mi vida, de que ya no haré nada más que marchar así, a paso rítmico y eterno, detrás del cadáver de Pablo”21.

M.H.: “Ante Pablo los días se abstienen ya y no andan. / No temáis que se extinga su sangre sin objeto, / porque este es de los muertos que crecen y se agrandan/ aunque el tiempo devaste su gigante esqueleto”22.

NOTAS:

1 «Sigue pues, sigue cuchillo/ volando, hiriendo. Algún día,/ se pondrá el tiempo amarillo/ sobre mi fotografía». Miguel Hernández: El rayo que no cesa (I), en Poesía, editorial Arte y Literatura, La Habana, 2003, p.188.

2 Alejo Carpentier: un hombre de su tiempo, editorial Letras Cubanas (edición homenaje por el centenario del natalicio del autor), La Habana, 2004, p.64.

3 Pablo de la Torriente Brau, Peleando con los milicianos, Editora Política, La Habana, 1987, p-87-88.

4 Ob.cit., p.97.

5 Nicolás Guillén, «Un poeta en Espardeñas», en revista Mediodía, 25-10-1937.

6 Pablo de la Torriente Brau, Ob.cit., p.173.

7 Ob.cit., p.170-1.

8 Para ahondar en este asunto, ver Por amor al arte, de Francisco Morín, ediciones Universal, Miami, 1998.

9 Miguel Hernández, Obra Completa, tomo II, editorial Espasa Calpe, Madrid, 1992, p.2474.

10 Ob.Cit., p.2174.

11 Ob.cit., p.2192.

12 Miguel Hernández, Poesía, editorial Arte y Literatura, La Habana, 2003, p.246.

13 Lino Novás Calvo, «El entierro de Pablo de la Torriente Brau», en Pablo: cien años después, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2001, p.148.

14 Miguel Hernández, Obra Completa, Ob.cit., p.2213.

15 Lino Novás Calvo, Ob.cit., p.149.

16 Lino Novás Calvo, Ob.cit., p.150.

17 Miguel Hernández, Poesía, Ob.cit., p.245.

18 Lino Novás Calvo, Ob.cit., p.150.

19 Manuel Moral existió realmente. Miguel Hernández lo menciona en una de sus crónicas de la guerra como un conductor procedente de Jaén. En ese mismo texto menciona a Candón, otro cubano en la guerra que «lo que más echa de menos es el clima de Cuba, y el invierno cortante y penetrante de Castilla encoge un tanto su figura y le lleva a buscar lumbre por todos los rincones de la comandancia que ocupa».

20 Miguel Hernández, Ob.cit., p.245.

21 Lino Novás Calvo, Ob.cit., p. 251-252.

22 Miguel Hernández, Ob.cit., p.246.

................................................................................

Ramón Fernández Palmeral, publicó en abril de 2005 "La amistad de Miguel Hernández con Pablo de la Torriente Brau" En la revista Orihuela Digital de Alicante


TURISMO RELIGIOSO

Destinos como [Roma-Vatinano, Fátima,] Lourdes, Jerusalen o los templos egipcios se han convertido en centro de referencia mundial para millones de personas devotas de creencias determinadas. Es el fenomeno del turismo religioso, un acontecimiento que hace furor en todo el mundo. Ciudades religiosas como Roma con el reclamo turistico del Vaticano han impulsado el turismo hasta niveles espectaculares.

A menudo el turista religioso es un turista dispuesto a pagar ciertas comodidades, suele preferir estancias cortas de un máximo de 3-4 días en muchas ocasiones se trata de viajes de fin de semana o aprovechando un puente.

Se calcula que cada año en toda Europa, más de 15 millones de ciudadanos realizan algun tipo de viaje de tipo religioso.

Es el turismo religioso, un acontecimiento que hace furor en todo el mundo. Ciudades religiosas como Roma con el reclamo turistico del Vaticano han impulsado el turismo hasta niveles espectacularel fenomeno del turismo religioso, un acontecimiento que hace furor en todo el mundo. Ciudades religiosas como Roma con el reclamo turistico del Vaticano han impulsado el turismo hasta niveles espectacularel fenomeno del turismo religioso, un acontecimiento que hace furor en todo el mundo. Ciudades religiosas como Roma con el reclamo turistico del Vaticano han impulsado el turismo hasta niveles espectacularel fenomeno del turismo religioso, un acontecimiento que hace furor en todo el mundo. Ciudades religiosas como Roma con el reclamo turistico del Vaticano han impulsado el turismo hasta niveles espectaculares.

Los negocios de la Iglesia (OPUS)

La Obra de Dios

El Opus es, además del más veterano, el movimiento más influyente en la Iglesia actual. Con 84.000 miembros según sus propias cifras -incluidos menores de edad-, 1.800 de ellos sacerdotes y el 26 por ciento numerarios (célibes), cuentan ya con 2 cardenales: el arzobispo de Lima, monseñor Cipriani, y el español recientemente nombrado Julián Herranz, miembro de la curia (presidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos. 'Opusinos' son también otros dos españoles: el portavoz del Vaticano y muñidor de toda la estrategia comunicativa, Joaquín Navarro-Valls; y el director de la Escuela Diplomática, Justo Mullor. Cercanos son igualmente el secretario personal del Papa, monseñor Diwisz; los cardenales Sodano, López Trujillo y Moreira Neves; y el nuevo secretario para las Relaciones con los Estados, monseñor Lajolo.

En España, de momento, sólo han conseguido colocar a uno de los suyos al frente de la diócesis de Burgos: monseñor Gil Hellín, que vino directamente de la curia romana. Pero cuentan con la simpatía de casi todos los demás obispos: 50 de ellos asistieron a la canonización de san Josemaría en octubre de 2002. El más entusiasta de ellos es el primado de Toledo, Antonio Cañizares, conocido como 'el pequeño Ratzinger'. Si los hay, y muchos, en América Latinaa: 7 en Perú, 4 en Chile, 2 en Ecuador, 1 en Colombia; 1 en Venezuela; y en Argentina y 1 en Brasil. Es significativo que dos de ellos hayan sido nombrado sucesores de personalidades como Óscar Romero, en San Salvador, y Hélder Cámara, en Recife.

Sólo un obispo en España, pero mucha influencia en las élites políticas, económicas y universitarias. Suyos son la Universidad de Navarra, con su afamada clínica universitaria, los colegios Tajamar y Retamar de Madrid y el IESE de Barcelona. Suyas son las editoriales Palabra, Rialp y Eunsa. Suyos son los grupos de comunicación Recoletos y Negocios (editores, respectivamente de diarios como Marca y Expansión o La Gaceta de los Negocios) y el periódico del arzobispado de Madrid, "Alfa y Omega". Y suyo, además de multitud de empresas, el Banco Popular. Y muchos de sus miembros están presentes en las esferas del poder, entre ellos el ministro de Defensa, Federico Trillo; el fiscal general del Estado, Jesús Cardenal, y la Junta de Jefes de Estado Mayor del Ejército en pleno.

Revista Alandar: alandar@eurosur.org

La Iglesia invierte en una multinacional

La Iglesia invierte en una multinacional que fabrica Viagra y anticonceptivos


Fuente: http://www.20minutos.es/noticia/3577...ticonceptivos/

Por todos es conocida el rechazo frontal que mantiene la Iglesia ante los anticonceptivos. Sin embargo, a la hora de buscar rentabilidad para su dinero, parece que sí es capaz de flexibilizar su postura.

Prueba de ello es que el arzobispado de Madrid, presidido por Rouco Varela, y el de Burgos, con Francisco Gil a la cabeza, han invertido en los últimos años en acciones de empresas como el laboratorio farmacéutico Pfizer, ha informado Cuatro en sus informativos .

Pfizer es una multinacional que tiene entre sus medicamentos estrella la famosa Viagra, una pastilla contra la impotencia sexual, y un anticonceptivo inyectable que se comercializa con mucho éxito en Estados Unidos

Se trata de Depo-Provera, un anticonceptivo que se administra en el brazo cada tres meses y que, según se calcula, es usado en el mundo por unos 30 millones de mujeres para evitar el embarazo. Además, Pfizer fabrica otro tipo de anticonceptivos que se venden en países americanos.

Compañías licoreras y fondos opacos

La inversión en estos laboratorios, unos 80.000 euros al año, forma parte de un amplio paquete bursátil de la Iglesia en capital de riesgo. Según Noticias Cuatro, los obispos han perdido desde el mes de agosto un 20% de lo que invirtieron debido a la crisis de las hipotecas basura. También metió dinero en compañías licoreras y en fondos opacos.
__________________
Fanatismo, vino y vírgenes de madera.

La Iglesia financia anticonceptivos

Mundo del Quelonio

Hace poco se ha sacado un poco más a la luz lo que ese par de nidos de cuervos que son los arzobispados de Madrid y Burgos hacen con nuestro dinero. Resulta que entre las múltiples inversiones que realizan ( más de 80.000 euros al año ), uno de los principales beneficiarios es nada menos que Pfizer. No sé si recordáis ese nombre pero por si las moscas doy el dato de que es la empresa resonsable de la fabricación de la famosa píldora azul de forma rómbica llamada Viagra. Estedato no debería alarmar a nadie, en teoría, a fin de cuentas las erecciones masculinas son naturales indispensables para la tan cacareada función reproductiva que siempre nos recuerdan que tenemos que llevar a cavo desde la Iglesia. Sin embargo hay un pequeño detalle y es que Pfizer no solo se dedica a la fabricación de la famosa viagra sino también de Depo-Provera, un anticonceptivo inyectable que aún no se comercializa en España.


La posición de la Iglesia sobre la anticoncepción sigue siendo la de oponerse con uñas y dientes, así como también siguen y seguirán diciendo que los condones tienen poros microscópicos por los que se cuelan los espermatozoides en fila india ( teoría negada con rotundidad por la Organización Mundial de la Salud ). Sin embargo pareceser que no les van bien las cosas en cuanto a dinerillo se refiere pues al parecer los obispos españoles perdieron en agosto pasado un 20% del capital invertido. La verdad es que como inversores yo pensaba que serían más inteligentes, si inviertes en anticonceptivos no puedes luego hacer campaña contra ellos, sería como si Mc Donalls hiciera propaganda a favor de la vida sana o como si Coca Cola invirtiera en Pepsi. Yo si fuera obispo la verdad es que me dejaría de tanto cuento y me diría abiertamente que soy obispo porque me gusta el dinero y el vicio. Quizas fuera todo más facil si no fuera porque la Iglesia se basa en un cúmulo de contradicciones y sinsentidos que parecen no tener fin.

lunes, 17 de marzo de 2008

Mi mujer perfecta

ANUNCIOS:

Si es soltera: que sea atractiva y tenga silueta juncal, triunfadora, sepa hablar de fútbol para los tardes de sábados y domingos y se sepa las alineaciones de los equipos, por lo menos que le suene Raúl, se conozca todas las discotecas y tascas para los viernes y sábados noche, que se beba un chupito después de las comidas, que no le importe fumarse un canuto después de hacer el amor, que sea simpática con los amigos y amigas, que sepa inglés para cuando haya que salir de viaje al extranjero, y contar chistes, ¡ah! y sepa conducir para traerme a casa.

Si es casada, que sea ahorrativa, que no le guste mucho la marcha, que sea buena ama de casa y madre de sus hijos, que duerma poco, sepa hacer la compra y concinar, cómo funciona la lavadora y el lavavajillas, que sepa conducir y se los lleve por la mañana al colegio antes de irse a trabajar (a los niños, claro), que no proteste al regreso ni sea deportista, que nunca nombre a su madre, que tenga algunas amigas para salir con ellas al cine, que le guste el turismo rural y las camas separadas, ¡ah! se me olvidaba, que le guste leerme el periódico o jugar al chincón.

Si es divorcida o separa: Le vale lo de solteras o casadas.

Firmado: El Machista

Archivo del blog

Datos personales

Mi foto
Alicante, ALICANTE (ESPAÑA), Spain
Página administrada por el pintor, poeta, escritor y conferenciante Ramón Fernández "PALMERAL".