
A MIGUEL HERNÁNDEZ
Toda imagen de tu huella en su candela,
aquel rayo de sol, nos lo revela
como tu rayo: sol que nunca cesa.
Libertad en tu clara frente impresa.
Aura en la montaña, reflexiones
de tierra y pasto, de garganta presa.
Viento de tus múltiples confesiones,
viento del pueblo que tu voz expresa.
En el rebaño del solar campestre:
la luz matinal ha quedado quieta;
muda quietud de rebaños y frente,
mas tu alma sostiene, el silbo latente
al amanecer, de la entraña inquieta,
entre cebolla y nana, y voz humilde.
Por Ana Marlópez

(El Lápiz de Miguel, obra de Palmeral)